jueves, 29 de noviembre de 2012

LINUX, ¿por dónde empiezo?



Corría el año 2008 cuando instalé en mi ordenador mi primera distribución GNU/Linux. Ya había leído algunas cosas sobre Linux y tenía mucha curiosidad, así que me descargué Ubuntu 8.04 y lo instalé en una partición de mi disco duro.

                                           Ubuntu 8.04. Era muy feo y rústico.

Recuerdo que por aquellos infelices días utilizaba Windows Vista. Al arrancar por primera vez Ubuntu, noté un cambio brutal respecto del que por entonces era mi sistema operativo; todo era feo de narices y tan sólo me sentía capaz de abrir el procesador de textos. No entendía nada y creo que mi primera sesión en ubuntu no duró más de quince minutos. Se me pasó por la cabeza borrar “el Linux” del disco duro pero pensé que si había llegado hasta ahí, hasta instalarlo, algo positivo debía sacar de aquello.

Ese mismo verano me impuse el arrancar ubuntu una vez a la semana para realizar tareas sencillas: navegar, redactar documentos de texto, … El único objetivo era comprobar si podía hacer las mismas cosas que en Windows. En otoño dejé de utilizar Windows de forma predeterminada.

¿Qué tenía Linux para convencerme? Pues, sin ánimo de parecer un iluminado, la libertad. La libertad de utilizar mi sistema para lo que yo quisiese, verme libre de amenazas que en Windows constituyen un verdadero quebradero de cabeza, libre de ataduras que sólo suponían una enorme pérdida de tiempo (números de serie, cracks, limpiadores de registro, antivirus, desfragmentadores, …). No quiero engañar a nadie, el precio de aquello fueron interminables lecturas y algún “crash” inolvidable (“no such partition” ….¡horror!) fruto de mi inexperiencia combinada con mi curiosidad. Pero mereció la pena.

Vale, ahora eres tú el que tiene la idea de migrar a Linux zumbando en tu cabeza. Pero no tienes muy claro por dónde atacar a esos “palabros” que envuelven el mundo Linux: que si ubuntu, debian, Linux Mint, Gnome, KDE, … Este post tiene como intención aclararte algunos conceptos.

Lo primero, debes saber qué Linux viene en distribuciones, “distros” o sabores. Cada una de ellas se adapta mejor a un perfil de usuario o al uso que quieras darle. Si vienes del universo Windows y no quieres notar demasiado el salto, te recomiendo ubuntu (y sus derivados Kubuntu, Edubuntu, ...),  o Linux Mint. Si, por el contrario, eres más valiente y no te da miedo tirar de terminal (ventana en la que se introducen las órdenes al sistema mediante lineas de texto), puedes probar con debian o con Arch Linux. La decisión es tuya, pero te puede ayudar Linux Distribution Chooser , una especie de test que , tras responder algunas preguntas, te aconseja una distribución GNU/Linux u otra.

                                             La terminal o consola de comandos.

Una vez tomada la decisión, descárgate esa distribución e instálala en una partición de tu disco duro. En Internet puedes encontrar estupendos manuales sobre cómo hacer eso y hoy día es un proceso muy sencillo e intuitivo del que no tienes nada que temer. Lo ideal es que hagas uso del “dual boot”, que tengas en el mismo disco duro el sistema operativo que utilices habitualmente y la distribución GNU/Linux. Así, podrás decidir qué sistema operativo cargar y la migración no será traumática. Hazme caso, no te hagas el valiente porque entonces tus buenas intenciones tendrán una duración muy corta. Evolucionar de un sistema operativo privativo a uno libre trae consigo importantes cambios de mentalidad, y adaptarse es cuestión de tiempo y de muuuuuuuuuuucha paciencia.

Más tarde tendrás que decidir qué tipo de entorno de escritorio quieres. Cuando hablamos de escritorio nos referimos a la interfaz gráfica y a los programas que le acompañan. No pienso profundizar mucho en este tema porque ahora mismo hay una guerra abierta en este campo, sólo mencionaré los más habituales: Gnome, KDE, XFCE (para equipos con pocos recursos), Unity (el escritorio predeterminado de las últimas versiones de Ubuntu), … Esta elección depende mucho de tus preferencias personales y exige que experimentes. Sólo decirte que hoy día las cosas son muy diferentes respecto de cuando yo hacía mis primeros pinitos en Linux, ahora hay verdaderas maravillas de escritorios que permiten aprovechar toda la comodidad de este sistema operativo sin renunciar a la estética.


                  Entorno de escritorio Gnome- Shell                 Entorno KDE

                                                        Escritorio Unity (Ubuntu)


Ya sólo te queda elegir qué programas son los que necesitas. La filosofía en la instalación de las aplicaciones que corren en GNU/Linux también es diferente de lo que puedes haber visto en Windows o en Mac OS, pero en cuestión de tiempo te acostumbras. ¡Suerte!

4 comentarios:

Jordiet dijo...

Me encanta Gnome-Shell, es el más limpio

Luis dijo...

Y a mí. Todavía quedan algunos aspectos por mejorar, pero creo que a día de hoy es la mejor opción.

Mikael dijo...

Temiendo ser sincero. Sigo en Windows por escuchar a amigos cercanos de sus primeras experiencias, mas bien, "shock". Formatear y formatear por problemas de partición. He sorteado y arreglado los problemas que de muy de vez en cuando Windows tiene, nunca he tenido pánico ni necesitado formatear; Sólo tener cuidado. El que haya problemas con particiones, que se pierda información, instalar todo de nuevo, me parece super tedioso, una interrupción que no estoy dispuesto de momento a sufrir.

En algún momento lo haré y necesitaré todos los How to para hacerlo paso a paso.

Me gustó la entrada y compartir esos sustos.

Jordiet dijo...

MIkael, en realidad no es tan complicado. Lo que ocurre es que, como comenta Luis, si quieres experimentar, probar cosas, aprender... es fácil que la acabes liando y estropeando el sistema de archivos. Como ese tipo de cosas no se pueden tocar con Windows a priori, no tienes esos problemas, porque tampoco tienes la tentación.

Por lo tanto, lo que en principio puede parecer una desventaja, es consecuencia de una ventaja. Si instalas un Linux y no tocas nada del sistema de archivos no tienes que tener miedo a formateos de ese tipo. No obstante, un backup cada cierto tiempo es recomendable, uses el SO que uses.

Siempre comparo Linux con una calculadora científica, y Windows con la calculadora corriente que no hace más que sumar, multiplicar y dividir. Con la primera puedes hacer muchas más cosas, pero solo con cambiar el sistema de numeración ya puedes creer que la has estropeado si no sabes lo que has hecho, jaja.

La opción intermedia es Mac OS, que es también UNIX. Por lo tanto tienes la potencia de aquel y la sencillez de un sistema gráfico de última hornada. Sé que a Luis no le gusta porque es muy cerrado, jeje, pero de veras que puedes hacer lo mismo que con Linux... porque básicamente es lo mismo con una interfaz gráfica bonita.

Lo mejor depende del usuario, yo prefiero usar los 3... cada uno tiene sus ventajas y sus inconvenientes.

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