domingo, 28 de julio de 2013

La flor más grande del mundo

Se le conoce por el nombre flor cadáver (bunga bankai, en indonesio), Amorphophallus titanium ("falo amorfo titánico") o, simplemente, la flor más grande del mundo. Se deja ver en lugares como Sumatra y puede medir hasta 3 metros de largo. Tiene un aspecto formidable y es de una belleza impactante.

La planta puede vivir hasta cuarenta años y florece sólo tres o cuatro veces a lo largo de toda su vida. La flor sólo vive durante tres días.

Sin embargo, su olor es asqueroso: huele a cadáver con el propósito de atraer moscas y otros insectos para que su polinización se haga efectiva. Su putrefacto olor se debe a los siguientes compuestos: 

  • Trisulfuro de dimetilo
Este compuesto orgánico se encuentra en la cebolla cocinada. También es un producto de las primeras fases de la  descomposición de cadáveres.


  • Disulfuro de dimetilo

El aroma del disulfuro de dimetilo también recuerda a las plantas del género Allium. El olor de este compuesto recuerda a la carne putrefacta.


  • Trimetilamina

La trimetilamina es una amina terciaria de repulsivo olor a pescado podrido.


  • Ácido 3-metilbutanoíco

Es un ácido graso, con fuerte olor a queso y sudor.

Para ayudar a darle el "pego" a sus polinizadores, la flor cadáver tiene en algunas zonas un color rojo vivo que recuerda al de la carne. Además, su temperatura es parecida a la de los seres humanos con lo que consigue dos efectos: simular ser un mamífero que acaba de morir y dispersar mejor su inigualable aroma.

Con todo ello, es normal que cuando nos acerquemos a la flor cadáver podamos poner una cara como la de la siguiente imagen.


Para acabar, aquí os dejo un vídeo sobre la química de la flor cadáver. ¡Qué aproveche!


Esta entrada participa en el XXVII Carnaval de Química que organiza Bernardo Herradón en su blog Educación Química 


Esta entrada participa en el XXIV Carnaval de Biología acogido en Pero eso es otra historia... de @Ununcuadio


viernes, 26 de julio de 2013

No más ubuntu, por favor


He sido usuario de Ubuntu durante aproximadamente cinco años y, tras mucho pensarlo, he migrado mis equipos informáticos y he abandonado el sistema operativo de Canonical. ¿Por qué? Aquí van mis razones para abandonar Ubuntu:

1. Me he cansado de tener que actualizar la versión del sistema operativo cada seis meses. No es que sea del todo una mala idea actualizaciones completas tan cercanas en el tiempo (aunque tampoco lo creo necesario), pero el actualizar tu versión de Ubuntu solía dar problemas y era mejor formatear la partición y volver a instalarlo todo. Claro, después de configurar el equipo (aplicaciones, preferencias, ¡java!, ...) tirar todo ese esfuerzo a la basura después de seis meses me parece un derroche de tiempo que ni quiero ni puedo permitirme.


¿Estás preparado? No he traído apenas novedades, pero te prometo horas y horas de "diversión" mientras reconfiguras tu equipo. ¡Suerte y paciencia!


2. A partir de la versión 11.10 desaparece Synaptic de Ubuntu. Los usuarios de ubuntu teníamos muy claro que Canonical apostaba por su Centro de Software, pero a mí no me conmovía mucho la idea porque me recordaba a la App Store (con su publicidad y esas cosas) y me parecía que se reducía la libertad de emplear el software que a mí me diese la gana. Convivía con él, pero no me molestaba. 

Hola, soy la App Store de Canonical pero me llamo Centro de Software de Ubuntu

Sin embargo, al desaparecer el Synaptic, cada vez que instalaba Ubuntu en algún equipo estaba forzado a instalar ese gestor de paquetes y, aunque sólo fuese una línea de comandos, era un ítem más a marcar en la "to-do list" después de instalar Ubuntu. 

3. Unity, maldita Unity. Yo estaba muy feliz con mi Ubuntu y Gnome como interfaz de escritorio, hasta que en la versión de abril de 2011 nos obligan a usar la nueva y flamante interfaz desarrollada por Canonical, Unity

Jooooooo, quiero ser un Mac!!

Unity resultaba muy vistosa, muy aparente, pero su funcionalidad tendía a cero a medida que trabajabas en el nuevo escritorio: ventanas demasiado grandes, muy difícil de configurar, ... Por no hablar de lo mal que funcionaba en equipos modestos en el apartado gráfico. 

Unity, todo son risas hasta que quieres cambiarlo

En las últimas actualizaciones que he realizado de Ubuntu, lo he tenido claro: nada más finalizar el proceso he instalado Gnome, que es lo que a mí me gusta. Ooooootra cosa más que hacer cada vez que actualizas. 

4. Lo peor de todo es que Ubuntu se ha vuelto inestable, cada dos por tres estás cerrando cuadros de diálogo que te informan de errores que parecen aleatorios que, a lo "Windows style", te invitan a reiniciar el ordenador. Creo que en los últimos meses he utilizado más el comando xkill que en todas mis vidas anteriores, algo que supone un verdadero fastidio.

¿A que soy molón?
Otro problema demasiado frecuente es el inicio de sesión fallido, algo que te obligaba a arreglarlo mediante terminal o a reiniciar directamente. A veces, el apagado del ordenador también era demasiado largo. En suma, demasiadas pérdidas de tiempo y de serenidad.

5. La juerga ya ha llegado a su límite con el escaso respeto por la privacidad de los usuarios que ha demostrado Canonical en su última versión de Ubuntu. Ahora, mientras realizas búsquedas en tu ordenador, Amazon te sirve publicidad relacionada con ellas.

Y ahora, mientras buscas, Amazon te sirve unos consejitos. Que los disfutes ...
Canonical, siempre ayudando. (Fuente)

Estos puntos unidos a las últimas noticias que he podido leer sobre las intenciones de Ubuntu han hecho que finalmente tome la decisión de abandonar el sistema operativo de las tres úes. Entiendo que Canonical, por fin, ha encontrado el tipo de usuario que le puede hacer "coger cacho" en el mercado informático - no olvidemos que se trata de una empresa -  y ha decidido prescindir del usuario de GNU/Linux. Pero, para mí y otros, ¿qué sentido tiene utilizar un sistema operativo bajo el cual ya no estamos cómodos? ¿es útil instalar un sistema operativo del que tienes que cambiar un montón de cosas? Las respuestas son evidentes: no.  Lo mejor de todo es que hasta hace poco pensaba que me estaba volviendo un "talibán" del software libre, pero no, un vistazo por la red permite darte cuenta de que existen muchos otros usuarios que están abandonando el barco de ubuntu por motivos que tienen que ver con la productividad o la sencillez. Un ejemplo lo tenéis aquí, otro que se marcha a Debian.

Y digo otro porque yo también he migrado a Debian. Soy de los que piensan que el sistema operativo es el medio, no el fin, y en Debian he vuelto a encontrar lo mismo que vi en Ubuntu hace cinco años: estabilidad, sencillez, transparencia y libertad. Espero que esto no cambie.


No obstante, es necesario que agradezca a Canonical todos los esfuerzos que han realizado por la promoción del software libre. Gracias a su sistema operativo empecé a conocer la libertad informática partiendo prácticamente de cero. Ah, por cierto, también quería darle las gracias a Canonical por la severa guarrada que han hecho con Ubuntu One. Aunque el problema - es más fácil instalar Ubuntu One en Windows que en Debian, WTF??? - tiene solución, ya he encontrado alternativas para el almacenamiento en la nube. ;)

Adiós, ubuntu, adiós.

miércoles, 24 de julio de 2013

Camuflaje químico

Siempre que pienso en camuflaje, no puedo dejar de evocar el gracioso caso de los insectos palo. Este simpático animalito, con su forma y color, consigue pasar desapercibido en la naturaleza.

Figura 1. El insecto palo


Pero no, no vamos a hablar del insecto palo en molesybits, por ahora. Hoy quiero hablar de otro tipo de camuflaje, uno que sucede a un nivel mucho más bajo, en el molecular. Esta entrada quiere hablar de moléculas que se asemejan a otras y que son capaces de darnos el pego y, jeje, algún mal viaje. ¿Me sigues? Pues, ¡adelante!

Los neurotransmisores son sustancias que transmiten información de neurona a neurona mediante sinapsis a lo largo del Sistema Nervioso. Hay varios tipos de neurotransmisores, pero hoy nos fijaremos en algunos neurotransmisores monoamínicos, cuyas estructuras  puedes ver en las siguientes imágenes. En estos modelos las esferas negras representan átomos de carbono; las blancas, hidrógeno; las rojas, oxígeno, y las azules, nitrógeno. No se han detallado las configuraciones estereoisómeras.

Adrenalina, C9H13NO3



La adrenalina, además de su función como neurotransmisor, es también una hormona. Es el neurotransmisor encargado de ponernos en "modo lucha" o respuesta ante una emergencia.

Noradrenalina, C8H11NO3

La noradrenalina es otro neurotransmisor que también tiene relación con la respuesta de lucha o huída. Cuando es liberado de las neuronas acelera el ritmo cardíaco y aumenta el flujo sanguíneo, con lo que la cantidad de oxígeno que llega al cerebro - y a otros órganos - es mayor. Es por esto por lo que la noradrenalina aumenta la capacidad de concentración durante los procesos de aprendizaje.
Dopamina, C8H11NO2



La dopamina regula los mecanismos de recompensa y obtención del placer, el sueño, el humor, la atención y el aprendizaje. Tiene también una función muy importante en la regulación del apetito.




En Química, a los compuestos orgánicos que contienen un átomo de nitrógeno unido a átomos de hidrógeno o a carbonos unidos a otros átomos de carbono o de hidrógeno, se les conoce con el nombre de aminas. A este grupo de neurotransmisores que os he presentado, se les conoce con el nombre de catecolaminas, puesto que su estructura recuerda a la del catecol, un anillo de benceno con dos hidroxilos (los grupos formados por una esfera roja y otra blanca) sustituyendo en dos posiciones sucesivas del anillo bencénico.

Bien, ¿y cómo funcionan estos neurotransmisores monoamínicos? Para responder a esta pregunta, es mejor que te fijes en el mecanismo de la sinapsis de la Figura 2. En las neuronas se acumulan estos neurotransmisores en pequeñas vesículas. Una pequeña descarga eléctrica permite la liberación de estos neurotransmisores que terminan saliendo al espacio existente entre las dos neuronas. La neurona contigua (postsináptica) también contiene receptores de estos neurotransmisores, de manera que se produce una respuesta en función si se trata de noradrenalina, dopamina, ... Después, los neurotransmisores son recogidos de nuevo por la neurona presináptica a través de sus propios receptores.

Figura 2. Sinapsis
Llama la atención el gran parecido químico entre las estructuras de las sustancias adrenalina, noradrenalina y dopamina, especialmente en la zona donde está el átomo de nitrógeno (esfera azul). Si estas tres sustancias son capaces de activar el mismo receptor, esto quiere decir que la respuesta depende de la estructura, de la forma y de la carga de la molécula que interacciona con él.

Claro, este hecho da lugar a que existan moléculas capaces de falsear la respuesta del receptor, haciendo que las neuronas "crean" que se ha liberado un determinado neurotransmisor. Un ejemplo de ello sucede con la anfetamina:
Anfetamina, C9H13N 
Fíjate en su estructura química. Se parece a los neurotrasmisores comentados, ¿verdad? Gracias a ese parecido, la anfetamina compite con las aminas endógenas por los receptores, desplazándolas y obligando a liberar más neurotransmisores y bloqueando la recogida de estos neurotransmisores del espacio sináptico. Esto es lo que explica las consecuencias del consumo de anfetamina: euforia, elevación de la presión sanguínea, aumento de la concentración, paranoia, ...

Otro intruso del sistema nervisoso bastante indeseable es la metanfetamina, que, además de engañar a los receptores sinápticos, es capaz de atravesar la barrera hematoencefálica gracias a la mayor liposolubilidad que le da el metilo ( - CH3 ) unido al nitrógeno. Esto implica níveles altos de neurotransmisores y altas concentraciones de este compuesto en el cerebro.
Metanfetamina, C10H15N 
Pero el camuflaje químico no tiene tan sólo consecuencias negativas. Muchas de estas sustancias capaces de engañar a los receptores de los neurotransmisores monoamina se han utilizado ( y se siguen utilizando) como medicamentos. Un ejemplo de este uso lo constituye la propia anfetamina, que ha sido utilizada para luchar contra el asma, la obesidad, la narcolepsia o la depresión. Otro ejemplo es el metilfenidato, que se utiliza en el tratamiento del TDAH ya que la enfermedad está asociada a una baja concentración de dopamina.

Esta entrada participa en el XXVII Carnaval de Química que organiza Bernardo Herradón en su blog Educación Química 



Esta entrada participa en el XXIV Carnaval de Biología acogido en Pero eso es otra historia... de @Ununcuadio