domingo, 22 de diciembre de 2013

La sustancia número 25

“El viernes pasado, 16 de abril de 1943, tuve que interrumpir a media tarde mi trabajo en el laboratorio y marcharme a casa, pues me asaltó una extraña intranquilidad acompañada de una ligera sensación de mareo. En casa me acosté y caí en un estado de embriaguez no desagradable, que se caracterizó por una fantasía sumamente animada. En un estado de semipenumbra y con los ojos cerrados (la luz del día me resultaba desagradablemente chillona) me penetraban sin cesar unas imágenes fantásticas de una plasticidad extraordinaria y con un juego de colores intenso, caleidoscópico. Unas dos horas después este estado desapareció. ”
Albert Hofmann, Historia del LSD

Así es cómo se descubrió el poder alucinógeno de una sustancia que se vería envuelta en una loca espiral de histeria colectiva. 


Volvamos unos años atrás. En la primavera de 1929, el químico suizo Albert Hofmann (1906 - 2008), que se había doctorado gracias a su trabajo de resolución estructural de la quitina, entró a trabajar en la farmacéutica Sandoz (hoy, Novartis) bajo la tutela del Doctor Arthur Scholl. Tras unos años buscando fármacos cardioactivos, Hofmann solicitó a Scholl poder trabajar con los alcaloides del cornezuelo de centeno, puesto que algunos laboratorios ingleses y estadounidenses habían comenzado a estudiar sus estructuras químicas. 

Albert Hofmann

Hofmann aisló el ácido lisérgico a partir de la ergotoxina y comenzó a preparar derivados con el objetivo de estudiar sus propiedades médicas. Uno de esos derivados, el número 25, era la dietilamida del ácido lisérgico, a la que se bautizó con el nombre LSD-25. Con el LSD-25 se realizaron algunas pruebas sobre animales para averiguar si se trataba de una sustancia capaz estimular la circulación y la respiración y aunque se desechó como analéptico, Hofmann ya anotó que los animales se volvián extremadamente inquietos bajo sus efectos.

Ácido lisérgico
Dietilamida del ácido lisérgico, LSD














La sustancia número 25 cayó en el olvido hasta que cinco años más tarde, Hofmann, en un “extraño presentimiento”, decidió repetir la síntesis con el objetivo de determinar si poseía otra propiedades además de las ya descritas. Fue entonces cuando, durante la cristalización, la disolución de LSD-25 rozó la punta de sus dedos y se produjo el episodio alucinatorio narrado al principio de esta entrada.

Hofmann comenzó entonces una serie de autoensayos (por ejemplo, el del día de la bicicleta) que le condujeron  a la conclusión de que el LSD-25 era un potente alucinógeno, del cual bastaban 0,25 mg para producir alucinaciones durante horas.



A partir de ahí comenzó la experimentación con animales (según Hofmann, con LSD-25 “el gato no sólo deja de cazar ratones, sino que incluso les teme”) y la divulgación de los resultados. Los psquiatras, conscientes de que sus efectos eran parecidos a la mescalina, comenzaron a experimentar con ella y se publicaron numerosos artículos sobre su uso en los tratamientos de la esquizofrenia. 
También diversos artistas, como el escritor Aldous Huxley, experimentaron la creación LSD mediante, originando así el movimiento psicodélico como forma de vida y de expresión.

Timothy Leary, el apóstol de las drogas

Por desgracia, el LSD-25 escapó de su aplicación clínica y cayó en manos de charlatanes como Timothy Leary, quien incluso fundó una comunidad religiosa - League for Spiritual Discovery-  cuyas siglas coincidían con las de la sustancia número 25. Las experiencias con el LSD-25 que proporcionaba Sandoz bajo el nombre “Delysid” atrajeron a jóvenes, muchas veces seducidos por el impacto de la sustancia número 25 en la sexualidad y en la consciencia. Era la época del "Turn on, tune in, drop out" – algo así como “conecta, sintoniza y abandona” - que predicaba un mesiánico Timothy Leary. Los desórdenes sociales que producían el consumo abusivo y descontrolado de LSD-25 terminaron por demonizar la sustancia número 25. Se prohibió su tráfico, su consumo y su uso clínico en la mayoría de los estados. En 1966 los laboratorios Sandoz dejaron de facilitar el LSD-25 y la sustancia número 25 volvió al ostracismo que su descubridor le deparó en 1938. El propio Albert Hofmann reconoce que durante el torbellino que produjo el consumo descontrolado de LSD, Scholl, su jefe, le dijo: "quisiera que usted nunca hubiera inventado el LSD".

Tras muchos años en los que el LSD-25 fue borrado de cualquier investigación científica, en los últimos tiempos se ha retomado el interés médico por esta sustancia. Algo que seguro a Albert Hofmann le hubiese gustado saber porque él pensaba que "nunca ha sido tan necesario contar con esta sustancia, el LSD". 




No me gustaría terminar la entrada desmitificando algo que he oído demasiadas veces. Mucha gente piensa que el LSD se descubrió por casualidad. No, no es cierto, el LSD se descubrió mientras se buscaban sustancias con otras propiedades. Tal y como dice el propio Albert Hoffman en su libro “La historia del LSD”:

"Una y otra vez se dice y escribe que el descubrimiento del LSD fue casual. Ello es cierto sólo en parte, pues se lo elaboró en el marco de una investigación planificada, y tan sólo más tarde intervino el azar [...]"


Y, sin duda, hay que atribuirle a este químico suizo el "extraño presentimiento" de seguir experimentando con la sustancia número 25. ¡Feliz viaje, Albert! 


Esta entrada participa en el XXX Carnaval de Química, que aloja el interesante blog Activa tu Neurona, que administran los periodistas científicos Izaskun Lekuona y Javier San Martín.

jueves, 19 de diciembre de 2013

La Estación Espacial Internacional en el aula

La Estación Espacial Internacional, más conocida como ISS por sus siglas en inglés, brinda gran cantidad de recursos educativos. Quizá, los más utilizados son los vídeos que pululan por Youtube, pero hoy os traigo algo que creo más interesante: el streaming de vídeo de la ISS.


¿Y qué tenemos que hacer para tener la señal de vídeo en directo desde la ISS? Muy fácil, empezamos por instalarnos VLC, un reproductor multimedia muy bueno y que "se lo traga todo". Este reproductor está disponible para Linux, Mac OS y Windows y si no lo tienes instalado en tu equipo te recomiendo que lo descargues desde su página web oficial. En algunas distribuciones Linux también puedes instalarlo con el comando:

sudo apt-get install vlc

http://www.videolan.org/vlc/

Una vez instalado, pincha en "Medio" y se desplegará un menú. Elige "Abrir volcado de red" y selecciona la pestaña "Red".


En el campo URL copia y pega esta dirección:

mmsh://a1709.l1856953708.c18569.g.lm.akamaistream.net/D/1709/18569/v0001/reflector:53708

Dale a "Reproducir" y, ¡tacháááánnn!, estarás viendo en directo la señal de vídeo desde la ISS.


¿Y qué pasa si, por la razón que sea, no puedo instalar VLC en el ordenador con el que trabajo en el aula? Pues muy fácil también, entra aquí y verás también el streaming desde la ISS.


Además, puedes complementar la señal de vídeo desde la ISS con la visita a la página www.estacionespacial.com con la que aportar más información a tu actividad. También puedes monitorizar algunos datos de la ISS como la velocidad o la posición pinchando aquí o, en Android, instalando esta aplicación.

Como ya señalé al principio de esta entrada, con la ISS podemos trabajar muchos aspectos de la Ciencia, como método científico, dinámica, cinemática, ... o simplemente, si hay algo de suerte, tener unas vistas como las del vídeo siguiente y observar como los chavales alucinan mientras se sienten como the passenger.